La Voz del Contestador https://lavozdelcontestador.com El blog del PODCAST Wed, 01 Jul 2026 08:40:56 +0000 es hourly 1 https://wordpress.org/?v=7.1 Debuté en el teatro https://lavozdelcontestador.com/2026/06/30/debute-en-el-teatro/ https://lavozdelcontestador.com/2026/06/30/debute-en-el-teatro/#respond Tue, 30 Jun 2026 19:37:35 +0000 https://lavozdelcontestador.com/?p=212 Una vez más, me siento a escribir sabiendo sobre qué quiero hacerlo, pero sin tener ni idea de lo que quiero decir al respecto. Así que supongo que, como en la vida, me tocará improvisar y dejar que mi cerebro guíe inconscientemente mis dedos para contar lo que tengo que contar. O, más bien, lo que mi cuerpo me pide contar.

Los que me conocéis sabéis que siempre que vivo una experiencia emocional intensa, generalmente novedosa para mí, mi cuerpo y eso rojo que late dentro de él me impelen a plasmarlo sobre el papel. Bueno, sería más correcto decir sobre la pantalla, porque hace mucho que sobre el papel no plasmo nada (en estos tiempos modernos aquí iría el emoji de la sonrisa con la gota en la frente). Esta ocasión no iba a ser menos.

Empecemos por el principio. Yo nací en un miércoles soleado… vale, no tan al principio. Perdón por la broma, pero escuché en una película (realmente no en una, en miles) que siempre es bueno empezar cualquier discurso con un chiste o una gracieta. Aunque es preferible que tenga gracia. Vuelvo al carril, que ya sabéis lo poco que me cuesta salirme. Nos remontamos a septiembre-octubre del año pasado, 2025, cuando tomé una de las mejores decisiones que he tomado en los últimos tiempos: apuntarme a clases de teatro.

«Siempre he tenido esa espinita clavada de no haber hecho o probado el teatro nunca antes»

Las motivaciones son muchas; las razones, enmarcadas en ese espacio y tiempo concreto, no tantas. En cuanto a las primeras, siempre he tenido esa espinita clavada de no haber hecho o probado el teatro nunca antes. Es un mundo que siempre me ha llamado la atención. Desde pequeño siempre me ha encantado hacer personajes, hacer el payaso y «performar» (no creo que esto se pueda decir en castellano). Buena culpa de esto tiene mi abuela paterna, mi amatxi, que cada Nochevieja nos hacía improvisar para la familia una pequeña obra de microteatro que preparábamos en unos 10 minutos al poco de comer las uvas. También mi abuelo materno, el abuelito, que era todo un artista en la oratoria y en todo lo relacionado con hablar ante un público. De él sé que he heredado muchas de mis (limitadas) virtudes en este aspecto.

Es cierto que gracias a los podcast he tenido y tengo la oportunidad de subirme de forma periódica a un escenario a, básicamente, hacer el tonto, lo que me ha hecho redescubrir aquella pasión que durante muchos años estuvo parada. La vida, principalmente, que siempre se inmiscuye en nuestro camino, me había hecho perder ese horizante y prácticamente haberlo olvidado. La búsqueda de un trabajo estable en una profesión como la mía, el periodismo; las cargas económicas, ahora pagar el coche, ahora la hipoteca, después la pensión de alimentos; el desgaste psicológico y mental que puede conllevar un conflicto personal en el que está implicada la vida de la persona más importante para ti… son algunas de las barreras que, como digo, la vida se ha empeñado en ponerme delante en el camino.

No obstante, volver a la radio y, especialmente, arrancar con el podcast que lo cambió todo, ‘¡A la Velocidad Absurda!’, y empezar a sentir que todo aquello que salía de mi parte creativa era capaz de llegar a otras personas y entretenerlas, o incluso emocionarlas, despertó en mí de nuevo esa inquietud y esa energía que necesitaba para aprender a saltar esas barreras, aunque fuese al modo del ‘recluta patoso’ en una pista americana supervisada por un malvado coronel.

Y de estos barros, estos lodos, o como sea que sea esa frase. Más podcast, los premios, los relatos, los guiones, los intentos de vender programas y series de televisión, la novela, las firmas en la feria del libro… pero siempre estaba ahí ese Pepito Grillo recordándome que hacía muchas cosas con muy poco tiempo, pero no le había dado la oportunidad a aquello que siempre había querido: el teatro.

Lo que nos lleva a las razones. Si has llegado hasta aquí, que sepas que ya te quiero mucho. Debes apreciarme lo suficiente como para soportar toda la turra previa que te estoy metiendo. Sorry not sorry (introducir emoji de las dos manos rezando). Precisamente, la escritura de guiones con lo que yo creo que es cierta solvencia (he dicho YO CREO) y la posibilidad de dirigirlos, y ante la precariedad y la concienciación de que «vas a necesitar engañar a mucha gente para que actúe, seguramente tú podrías hacer un papel o es posible que te estés escribiendo para ti mismo un papel y no tienes ni puta idea de actuar» fueron algunas de las razones que me llevaron a querer explorar más en la interpretación. De cara, sobre todo, a ser un director empático con actores y actrices y comprender algo más de su proceso si quiero hacer realmente bien mi trabajo.

Otra de las razones tiene que ver, y mucho, con la situación personal en la que me encontraba. En primer lugar, el hecho de que por cuestiones familiares previas, cuando había mirado la posibilidad de apuntarme a unas clases, los horarios no me cuadraban en absoluto. La conciliación, que la llaman, qué os voy a contar que no sepáis.

Aquí también entran las ganas de conocer a gente nueva, explorar nuevos mundos, descubrir diferentes perspectivas y personas con las que, al menos, compartir este mismo interés.

Y la depresión, por supuesto. Sí, seguramente no es algo de lo que me hayas oído hablar, ni de lo que creo que me hayas leído. En los últimos tiempos, a raíz de una cuestión personal de alto calado, me he visto caer dos veces en la depresión. Pronto entraré en más detalles sobre esto en un podcast, pero no dedicado a la salud mental, sino a cómo la terapia y la comedia salvaron mi vida. Pero esa es otra historia que quizá deba ser contada en otro momento (si captas esta referencia más allá de aparecer varias veces en mi novela, que sepas que aún te quiero más).

A lo que iba. Y cuando me pregunto, ¿por qué la depresión? Y he aquí mi respuesta. Porque, precisamente, una de las facetas que más se ve afectada cuando estás deprimido, si eres o te consideras una persona creativa, es eso, la creatividad, la expresión artística. Como he comentado, la comedia me ha ayudado mucho a superar los peores momentos. No sólo consumirla, sino también ejercerla. Sé que el humor siempre ha sido para mí un mecanismo de defensa, aparte de un estado natural, por suerte o por desgracia, y todas las oportunidades en las que he tenido la ocasión de desconectar para reírme y hacer reír, ya sea sobre un escenario o grabando delante de un micrófono, han sido indiscutiblemente terapeúticas. Y he aquí que el teatro, las clases, encajaban perfectamente en ese deseo de realizar actividades que me ayudaran a desconectar, a abstraerme de la locura del día y de los problemas habituales.

Y la impro, claro. Comenzar a jugar en las jams de impro de los segundos viernes de mes en el Kremlin, en Bilbao, fue el empujón que necesitaba para dar el salto definitivo. Subir al escenario (aunque sea pequeñito) y sentir el calor del público, sus risas y sus aplausos. Eso es droja en el colacao, amigo/a (si pillas esta bien tienes años, bien tienes demasiada cultura popular televisiva).

El debut

Total, que toda esta parrafada para llegar al momento en el que las emociones y los sentimientos ante una nueva experiencia me han llevado a comenzar este interminable escrito. Es terapia también, no me lo tengan en cuenta.

El pasado fin de semana, junto a mis compañeros y compañeras de clase de iniciación de la escuela Utopian, de Getxo, estrenamos la obra que llevamos meses preparando. Se trata de la obra ‘El mundo de Karl Valentin’, dirigida por Carlos Baiges, nuestro profesor de interpretación, y con dramaturgia de Arantxa Iurre, nuestra profesora de expresión corporal. Un conjunto de escenas de humor absurdo salidas de Valentin, dramaturgo alemán del periodo de entreguerras. Y sí, insisto en desmentirlo: yo no he tenido nada que ver en la elección de la obra. A mí me este caramelito me ha caído del cielo.

Un trabajo intenso, con altibajos, con dudas, con pocas certezas hasta bien entradas las fechas límite, pero cargado de ilusión y diversión. Estrenar la obra, en realidad, no ha sido más que el colofón a una temporada estupenda y, seguramente, como la erupción del volcán de sensaciones que llevábamos guardando todo este tiempo mientras la preparábamos.

Porque estrenar frente al público ha sido increíble, más droja de esa, no lo duden, pero más potente ha sido la comunión entre las personas que hemos formado parte de ella. Parafraseando a uno de mis compañeros, coach emocional del equipo, el Ted Lasso del teatro getxotarra, una mente colmena de retroalimentación personal que ha hecho que la experiencia sea, sin duda, inolvidable.

Para mí, una nueva primera vez. Y no una cualquiera; he tenido el honor de realizar el papel de apertura y enlace entre las distintas escenas con un monólogo que me encanta (‘Obsesiones’, señalando la necesidad de un teatro obligatorio a cargo del Estado) dividido en cinco partes. Pero es que, además, he tenido que cantar un solo en la canción coral del final de la obra. Toda una responsabilidad, no nos vamos a engañar. Que sí, que a mí me encanta la música, que hago mis chorradas con la guitarra y el piano, pero no soy cantante. Ni mucho menos.

Pero, afortunadamente, parece, la obra gustó. El público se lo pasó bien, no apreció nuestros fallos y nos felicitó al final del espectáculo. Y nadie se quejó de mi voz, oiga.

En definitiva, y creo que aquí puedo hablar en nombre de mis compañeros y compañeras, toda una experiencia para nosotros/as que queda reflejada, al menos en mi memoria, con el abrazo grupal (mente colmena) que nos dimos eufóricos/as en el camerino tras volver de la oleada de aplausos del público.

Y todo esto, amigas y amigos, simplemente para exteriorizar aquello que llevaba dentro y que tenía que sacar de alguna manera. Lo normal habría sido hacerlo también en formato podcast, pero… bueno, ahora que lo tengo escrito, me vale de guion. Permanezcan atentos/as.

Pero, sobre todo, gracias. Gracias a todas las personas que acudieron a vernos y convirtieron la experiencia en esta sensación apoteósica. Gracias a Carlos y Arantxa, por enseñarnos pero también por ser exigentes, por tratar este proyecto como si fuéramos profesionales. Gracias a mis compañeros y compañeras, por hacer que el lunes, generalmente el peor día de la semana, siempre acabara a lo grande; y por los ratos juntos/as, los que ha habido y los que vendrán. Y gracias a ti por leerme hasta aquí. Siento el rato que te he hecho perder. ¿O no?

Hasta la próxima aventura.

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EL NOVICIO https://lavozdelcontestador.com/2024/08/29/el-novicio/ https://lavozdelcontestador.com/2024/08/29/el-novicio/#respond Thu, 29 Aug 2024 20:28:15 +0000 https://lavozdelcontestador.com/?p=206

1.

Cada paso le provocaba un dolor insufrible. Había dejado de sentir los dedos de los pies. Las agujereadas botas de piel con las que se arrastraba por la nieve en medio de la ventisca habían dejado de cumplir con su función. Apenas veía nada delante, la niebla se lo impedía. Pero tenía que seguir. La vida de la criatura que llevaba en su vientre dependía de que escapara. De manera instintiva volvió la vista hacia atrás por si alguien la seguía. Pero tampoco lo hubiera sabido, a su espalda tampoco se veía nada. Y estaba cayendo la noche. Necesitaba encontrar refugio cuanto antes. Llevaba muchas horas caminando, había dejado muy atrás ya la aldea, pero aun así sentía que la acechaban, que la iban a obligar a volver. Se dijo a sí misma que debía continuar hasta que no le quedara un hálito de vida. Continuó caminando.

El viento le trajo silbidos de furia, al chocar su corriente con alguna estructura. Alzó la cabeza y no muy lejos pudo distinguir entre la niebla lo que parecía una pared de piedra. Era una muralla o un edificio. “Estamos salvados”, pensó, y la esperanza le devolvió la fuerza necesaria para llegar hasta allí. Al acercarse más, vio frente a ella una enorme puerta de madera con remaches metálicos. Sacando energía de donde no la tenía, corrió hasta la puerta. La golpeó con su puño con la poca fuerza que le quedaba pero sus golpes apenas se hacían notar en aquella gruesa puerta. Aterida de frío intentó gritar, pero apenas salían ligeros gemidos de su boca. No podía creer que aquello se acabara allí, tan cerca de lograrlo. Se sentó hundida apoyándose en la puerta y arrebujándose con la manta de fieltro que la había mantenido algo caliente todo el camino. Llevo su mano derecha a su tripa de siete meses de embarazo y acariciándola susurró entre lágrimas: “lo siento, hijo mío, lo siento…”.

Se encontraba ya cayendo en la ensoñación que quizá les llevara a ella y a su criatura al paraíso prometido por los dioses, cuando el sonido de un cerrojo a su espalda activó de nuevo sus constantes. A duras penas se levantó y apoyó la cabeza en la madera, rezando para que se abriera. Al otro lado, seguía sonando un mecanismo metálico. “Por favor, por favor…” mascullaba entre dientes. Y la puerta se abrió ligeramente hacia dentro. Al otro lado, un hombre vestido con una gruesa túnica marrón rematada con una capucha que apenas dejaba entrever su cara sujetaba un farolillo en su mano derecha.

-Qué quieres -dijo con voz profunda. Ella lo oyó perfectamente a través de la ventisca, como si le estuviera hablando desde su propio interior.

-Necesito… necesitamos ayuda, por favor –respondió llevando su mirada hacia su abultado vientre–. Vamos a morir de frío aquí fuera; haré lo que sea, por favor…

El hombre se tomó unos momentos antes de tomar una decisión. A ella sus lágrimas le bajaban rápidamente por los restos congelados de sus anteriores llantos. Finalmente, el hombre hizo un gesto con la cabeza y abrió del todo la puerta para dejarla pasar.


2.

El pequeño Paulsen nació a los 48 días. Pero no fue un parto fácil. Los gritos de dolor de su madre resonaron por todo el monasterio. Los monjes nunca habían asistido a un parto, y no tardó en complicarse. El niño venía de nalgas y el monje encargado de la salud de todos los ordenados no tuvo más remedio que intervenir a la mujer. Pidió un cuenco de agua caliente, trapos limpios y la navaja con la que practicaba las sangrías. Le puso a la mujer un palo envuelto en cuerdas para que mordiera. “Es la única opción de salvar a tu hijo”, le había dicho, y ella no había rechistado. Mordió el palo y el monje comenzó la operación, abriendo de arriba abajo el vientre de la mujer mientras otros dos monjes la sujetaban a cada uno de sus lados. El dolor fue muy intenso, pero finalmente el monje sacó al bebé y se lo colocó sobre su pecho. Ella lo miraba con ternura, aún exhausta del esfuerzo y el sufrimiento.

-Llamadlo Paulsen y cuidadlo, por favor –les dijo a los monjes, consciente de que su vida se apagaba-. Está destinado a hacer grandes cosas.

El monje que le había asistido en el parto y que en ese momento trataba de suturar la incisión que le había hecho en el vientre alzó la mirada y asintió. Ella murió con el pequeño Paulsen en sus brazos.


3.

Paulsen no era como los demás novicios. No le interesaban los escritos, las oraciones, el cuidado del huerto ni el estudio de la Kahntora, el libro que sustentaba toda la religión de los Adsicris, la orden a la que pertenecía el monasterio. Él había descubierto la biblioteca del monasterio en el ala oeste y desde entonces no pasaba un día en el que no se escapara de sus funciones a ojear una y otra vez los libros de aventuras que allí había. Gracias a aquellos libros, había incluso creado su propia espada de madera, con la que le encantaba practicar mientras se suponía que estaba con los rezos nocturnos junto al candil de su celda. Le encantaba leer, siempre que no fuera de evangelios, encantamientos, tradiciones, rituales… todo aquello que le obligaba a leer el hermano preceptor. Las discusiones acerca de él entre este y el abad mayor eran frecuentes.

-No sé que voy a hacer con este chico, no creo que sea capaz de ser un hermano Adsicris –se quejaba.

-No creo que su destino sea portar la túnica sagrada de Kahn -respondía con la misma frecuencia el abad mayor–. Piensa, hermano preceptor, que él es el único que no está aquí por su propia voluntad.


4.

-¡Guerreros! ¡Vienen guerreros!

El novicio encargado de la vigilancia de la puerta corría por todo el monasterio gritando, camino de la cámara del abad mayor. Cuando llegó allí tuvo que tomarse unos segundos para recuperar el aliento.

-Vienen guerreros… a caballo… con antorchas… cientos… -dijo apresurado.

El abad mayor no pudo ocultar su cara de sorpresa y casi de miedo.

-Vamos, reúne al Claustro, rápido. Nos vemos en la muralla.

El novicio volvió a salir disparado a avisar a la plana mayor de la orden.

En unos minutos se encontraban en lo alto de la muralla, justo encima de la puerta principal. Los guerreros estaban ya muy cerca.

-Qué vamos a hacer –preguntó uno de los monjes más ancianos–. Nos van a matar a todos, van a profanar suelo sagrado.

-No harán tal cosa. Hablaremos con ellos y primero veremos qué quieren –respondió sereno el abad mayor.

Los guerreros detuvieron su marcha a pocos metros de la entrada principal. Uno de ellos, ataviado con un abrigo de pelo blanco de grandes hombreras y que portaba una gran espada en una de sus manos, se adelantó un poco.

-¡Mi nombre es Paul Reghart! ¡Estoy buscando a mi hijo! –bramó dirigiendo su voz hacia los monjes que asomaban sus cabezas por el borde la muralla.

Paulsen observaba toda la escena desde una de las almenaras de la entreplanta que daba hacia la entrada principal. Una almenara que no se había utilizado en muchos años. Cuando escuchó el nombre de Paul Reghart sintió un ligero escalofrío. Su preceptor les había hablado de ese hombre en sus clases de historia de la comarca. Reghart era el señor que gobernaba con mano de hierro toda la región de las mesetas del este. Era especialmente conocido por su crueldad y su falta de escrúpulos a la hora de acabar con la vida de cualquiera que se atreviera a oponerse a él.

-Sabía que el chiquillo acabaría trayendo problemas -le susurró precisamente el monje preceptor al abad mayor al oído en lo alto de la muralla. El abad lo miró con desagrado. Uno de los principales preceptos de su religión era la de ayudar a los necesitados y dar cobijo a los perseguidos injustamente. No habría negado la ayuda a aquella mujer ni aunque así lo hubiera deseado.

-¿Por qué supones que iba a estar aquí tu hijo? -respondió alzando la voz, ignorando el inoportuno comentario de su subalterno.

-Dejadme entrar y lo discutiremos –dijo a modo de respuesta.

Los monjes reunidos en lo alto de la muralla se pusieron nerviosos y miraron al abad mayor con cara de súplica para que no abriera la puerta.

-No podemos negar la oportunidad de parlamentar, así lo demanda Kahn en su infinita sabiduría –dijo finalmente–. Mandad a los novicios a sus celdas y preparad el gran salón para el encuentro. ¡Rápido!

No quería que los ordenados tuvieran demasiado tiempo para dudar. Se dirigió hacia el hombre que esperaba respuesta frente a la puerta.

-Abriremos la puerta y discutiremos la cuestión.

Reghart asintió y volvió la vista atrás para mirar a uno de sus generales. Este le devolvió un leve movimiento de cabeza y susurró algo a los jinetes que tenía a ambos lados de su montura.


5.

Los mecanismos de apertura de la puerta resonaron por el pasadizo por el que Paulsen se dirigía hacia el patio interior. Había desoído la orden que los monjes habían dado a los novicios de volver a sus celdas. Sentía que la Orden estaba en peligro y el tenía que hacer todo lo posible por evitarlo. Llegó al patio y se agazapó tras una de las balconadas. Reghart y algunos de sus hombres estaban descabalgando. Varios ordenados se hicieron cargo de las monturas y se encaminaron hacia el establo, que estaba en el patio contiguo, junto a la huerta interior del monasterio. Pero antes siquiera de que pudieran salir de ese mismo patio, los hombres de Reghart desenvainaron sus espadas y les asestaron un golpe mortífero que los hizo caer inertes al momento. Reghart se dirigió a sus hombres.

-Reunid a la tropa y buscad al muchacho. Debe tener ahora 16 años y si la leyenda es cierta, en su antebrazo derecho porta el emblema de Kahnsen, el ala del águila dorada. Matad a todo el que se interponga en vuestro camino, yo voy a hablar con el abad.

Un desconcertado Paulsen se levantó inmediatamente la manga derecha del hábito. Ahí estaba la marca. No podía ser cierto, él no podía ser el hijo de ese monstruo. Los gritos de los monjes cayendo bajo las espadas de los guerreros sacaron a Paulsen de sus pensamientos. No dudó ni un segundo y corrió hacia la escalinata que bajaba al patio para intentar ayudar a sus hermanos.

Llegó al final de la escalinata y vio a uno de los guerreros que acababa de ensartar a uno de los monjes con su espada. Furioso ante la injusticia que se estaba produciendo corrió hacia él y lo embistió con su hombro con todas sus fuerzas. El guerrero, sorprendido, no tuvo tiempo de actuar y cayó al suelo desconcertado. Momento que Paulsen aprovechó para arrebatarle su espada y con furia asestarle un golpe brutal en la cabeza. El hombre quedó quieto en el suelo mientras de su cabeza brotaba un reguero de sangre. Paulsen alzó la espada, apretó los dedos de la mano que la empuñaba y se adentró en los pasillos del monasterio en busca del hombre que había causado todo aquello.

Antes de llegar al gran salón, vio como sus hermanos trataban de defenderse como podían, algunos encerrados en las salas, otros luchando con valor con los aperos de labranza frente a los guerreros armados a con sus letales espadas de acero. Allá donde vio un guerrero, Paulsen arremetió contra él con su espada. Nunca había practicado con ella contra otra persona, siempre lo había hecho en secreto y en solitario, y además con una espada de madera fabricada por él mismo. Sin embargo, el acero que sostenía no le era extraño y los movimientos le surgían naturales. Así, pudo frenar los golpes que al verle llegar le lanzó uno de los guerreros que trataba de abrir la puerta de las cocinas, donde varios ordenados se habían encerrado. Ante la incertidumbre del guerrero, sorprendido por que un crío mucho más menudo que él pudiera parar sus fuertes embates, Paulsen logró rajarle el torso en un movimiento semi circular en diagonal, dando una vuelta sobre sí mismo como si estuviera practicando una danza.

Tras librarse de otros guerreros que intentaron cortar su camino de huída, llegó al gran salón. Allí estaba Reghart sentado a la mesa principal. Frente a él estaba sentado el abad mayor, custodiado por dos de los generales guerreros, que de pie mantenían la punta de sus espadas a escasos centímetros del cuello del abad.

-Insisto en que no sé nada de lo que decís, señor. Aquí nunca ha nacido ningún niño. Nuestros novicios son todos hijos menores que vienen voluntarios a aprender las enseñanzas de Kahn -le estaba diciendo el abad a Reghart cuando Paulsen irrumpió en la estancia.

Paulsen admiró el valor del abad mayor. Y se dirigió directamente a Reghart.

-Yo soy tu hijo. Detén inmediatamente este absurdo ataque.

Se levantó la manga para enseñar su marca de nacimiento. Los ojos de Reghart se abrieron como platos.

-Así que era cierto… -seguidamente miró a sus dos generales–. Cogedlo. Cuando acabemos con todos los demás volvemos a Palacio. Ya no hace falta ninguna religión que seguir. Tenemos al elegido.

Uno de los generales atravesó el cuello del abad con su espada mientras el otro se dirigía raudo hacia Paulsen.

– ¡Nooooo! –gritó el joven al ver morir al que realmente había ejercido de padre para él.

Paulsen se deshizo de un preciso mandoble del guerrero que se había lanzado a por él. Reghart lo miró con cierta admiración. El otro guerrero también intentó interponerse en el camino del joven y le lanzó un embate que Paulsen esquivó agachándose con velocidad. Arrodillado desde el suelo, lanzó sus brazos hacia adelante y atravesó el vientre de su enemigo con su arma. Las tripas de aquel hombre salieron de su cuerpo junto la hoja de la espada de Paulsen.

-No lo puedes evitar, es tu destino -le dijo Reghart cuando Paulsen se colocó frente a él.

-Tú no eres mi padre. Tú has matado a mi padre.

La furia se reflejaba en los ojos del joven. Reghart se arrodilló frente a él. Alzó la mirada y sonrió cuando la hoja de la espada de Paulsen le sajaba la cabeza de un certero golpe.


6.

Paulsen sintió un cosquilleo recorriendo su cuerpo. Una fuerza inexplicable se estaba apoderando de él. Y en ese preciso instante lo supo. Supo cuál era su destino y sintió todo el poder que acababa de recibir.

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EL MONSTRUO https://lavozdelcontestador.com/2024/08/29/el-monstruo/ https://lavozdelcontestador.com/2024/08/29/el-monstruo/#respond Thu, 29 Aug 2024 19:55:16 +0000 https://lavozdelcontestador.com/?p=198 Agazapada debajo de la mesa, envuelta por la manta con la que solía tapar a su perrita en los días más fríos, apenas escuchaba el repiquetear de la lluvia golpeando la ventana. No estaba para pensar en eso. En realidad, no estaba para pensar en nada. Sólo sentía miedo. Auténtico terror.

La oscuridad inundaba la habitación, y el silencio era sólo roto por el leve sonido de su respiración. “Debo parar”, se decía a sí misma, “no puedo hacer ningún ruido”.

Su piel se le erizó cuando, además de su respiración, oyó los pasos subiendo la escalera. Temblaba de pánico. Las escaleras crujían con cada pisada y el sonido se iba haciendo cada vez más fuerte, más cercano. “No grites, no grites, no te verá”.

Sin quererlo, en su cabeza comenzó a revivir todo lo que había pasado en los minutos anteriores. Cómo ella se despertó en mitad de la noche, al escuchar unos gemidos en la planta de abajo. Era su madre. Sollozaba asustada, sentada en el suelo con la mirada hacia arriba, y trataba de suplicar, pero se lo impedía el trapo que a modo de mordaza llevaba en la boca  atado alrededor de su cabeza.

Tenía el pelo enmarañado y la ropa de cama manchada de sangre. Desde donde estaba, en la barandilla que daba acceso a la escalera, ella sólo alcanzaba a ver a su madre. No veía quién o qué era lo que amenazaba su vida. Porque si algo vio claro en los ojos de su madre fue el miedo a la muerte.

Antes de que ella misma pudiera reaccionar a lo que estaba viendo, un golpe seco sonó tan fuerte que le hizo estremecerse, y su madre cayó desplomada en el suelo. Entonces lo vio. Erguido, con media sonrisa en los labios se acercó lentamente hasta el cuerpo ahora inconsciente de su madre. Levanto el pie y lo dejó caer con fuerza sobre su cara.

Un inmenso escalofrío recorrió su columna justo antes de que él se agachara y comenzara a levantar la ropa de su madre inerte. Él estaba tranquilo. Se movía con calma, como disfrutando de cada uno esos instantes. Ella pudo verle los ojos. Y le pareció estar viendo un monstruo.

En un momento de lucidez, huyó lentamente hasta su habitación. Y se acurrucó debajo del escritorio en el que solía hacer los deberes. Muerta de miedo.

La puerta se abrió de golpe, dando un sonoro golpe contra la pared.

Se quedó paralizada. Su respiración se cortó en seco sin que ni ella misma lo hubiera tenido que pensar. Él avanzó. Lentamente. Ella cerró los ojos con fuerza pero eso no hizo desaparecer el terror que invadía su cuerpo. Y no pudo controlarse más. Comenzó a jadear y a sollozar, como había hecho su madre poco antes.

Él llegó al medio de la habitación. Justo enfrente del escritorio. Y ella se dio cuenta de que sus sollozos no eran los únicos que se escuchaban.

Abrió los ojos justo en el momento en que él caía de rodillas al suelo y se llevaba las manos a la cabeza. Lloraba desconsoladamente. Ella lo miró, sin entender, pero aún completamente aterrorizada.

Él apartó las manos de la cara y le devolvió la mirada. Pero no la veía a ella. Parecía como si sus ojos la traspasaran y estuvieran mirando mucho más allá de donde ella estaba. Lentamente, se llevó la mano a la espalda y cogió la pistola que llevaba sujeta a su cintura. La condujo hasta su propia boca… y disparó.

Después de superar el shock de lo que acababa de presenciar, la niña salió de debajo de la mesa y se incorporó junto al cuerpo. Todavía temblando, y entre lágrimas, lo miró fijamente… y le preguntó:

–¿Por qué, papá? ¿Por qué?

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LVDC 18 – FLANGESTRINDIR, el elfo https://lavozdelcontestador.com/2024/08/29/lvdc-18-flangestrindir-el-elfo/ https://lavozdelcontestador.com/2024/08/29/lvdc-18-flangestrindir-el-elfo/#respond Thu, 29 Aug 2024 19:17:11 +0000 https://lavozdelcontestador.com/?p=191 ¡Nuevo episodio de La Voz del Contestador! Y se trata de un episodio… sí, algo diferente. En él vamos a conocer a Flangestrindir, o Flaji para los amigos, un elfo un tanto peculiar. Pero no os quiero contar más, porque casi que es mejor que lo descubráis por vosotros mismos.

SI este particular episodio os hace gracia y os gustaría que hubieran más como él, no dudéis en dejarme un comentario aquí mismo, en iVoox, o en cualquiera de las formas de contacto que tenemos.

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Twitter: @ContestadorVoz / @GorkaArtaza
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Podéis encontrar mi primera novela,m ‘Yo salvé a la reina de Inglaterra’ en Amazon: https://leer.la/B0B9QM23N6

Así como el relato de terror ‘El sótano’, ahora que llega #Halloween: https://t.co/Uc35FcD2Vy

Muchas gracias por estar ahí y, como siempre, espero que me sigáis acompañando en esta aventura en la que NUNCA SABES LO QUE TE PUEDES ENCONTRAR.

CANCIONES UTILIZADAS EN ESTE EPISODIO
Corazón de Roble – Alanna || Lira Kravik
Spirit Of Freedom – Peter Crowley
The Dragon’s Breath – David Arkestone
Road To The Fair – David Arkestone
Yearning Heart – David Arkestone
A Forest Tale – Roger Stark

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Ahora que se habla tanto de tenis, con el número 1 de Carlos Alcaraz y la retirada de Roger Federer, es un buen momento para recordar un épico momento del que poca gente sabe su existencia. Ocurrió en 1937 y confrontó al mejor jugador de USA y a Marx contra el mejor jugador británico y el creador de Charlot. ¿Quién ganó? ¿Con cuánta seriedad se lo tomaron?

Además, os recuerdo que acabo de publicar ‘Yo salvé a la reina de Inglaterra‘, justo unos días antes de que Isabel II doblara la servilleta. Podéis encontrar la novela aquí: https://leer.la/B0B9QM23N6 (se agradecen las reseñas y estrellitas)

Y para cualquier cosa, podéis poneros en contacto conmigo aquí.

– Mail: lavozdelcontestador@gmail.com
– Twitter: @ContestadorVoz o @GorkaArtaza
– Telegram: t.me/lavozdelcontestador

Espero que lo disfrutéis y que me sigáis acompañando en esta aventura en la que NUNCA SABES LO QUE TE PUEDES ENCONTRAR.

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Historias olvidadas‘ es una sección en la que abordaremos historias que, por una razón u otra, han caído en el olvido. Como esta que la inaugura, la de Nadia.

Esta historia olvidada tiene, además, una importante labor periodística detrás, que incluye documentación y entrevistas con personas del entorno de Nadia para poder recrear su historia de la manera más fiable posible.

También, esta historia es una invitación a la reflexión. Reflexión cuyo resultado espero que me dejéis en comentarios o en cualquiera de las formas de contacto que tenemos.

– Mail: lavozdelcontestador@gmail.com
– Twitter: @ContestadorVoz o @GorkaArtaza
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Espero que lo disfrutéis y que me sigáis acompañando en esta aventura en la que NUNCA SABES LO QUE TE PUEDES ENCONTRAR.

*Imagen de portada: Maddalen Artaza

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LVDC 15 – ESPECIAL NAVIDAD – La bolla invisible: ‘AleFerLuque Origins’ https://lavozdelcontestador.com/2024/08/29/lvdc-15-especial-navidad-la-bolla-invisible-aleferluque-origins/ https://lavozdelcontestador.com/2024/08/29/lvdc-15-especial-navidad-la-bolla-invisible-aleferluque-origins/#respond Thu, 29 Aug 2024 19:03:25 +0000 https://lavozdelcontestador.com/?p=180 Muy buenas amigas y amigos, ¡feliz año! Hoy os traigo este podcast en forma de regalo con un relato original personalizado.

Este regalo forma parte de ‘La bolla invisible’, el juego a través del cual los miembros de la comunidad de Twitch del canal del músico Fromguer nos hacemos nuestros presentes de Navidad.

La condición era que el regalo fuera compartible a través de Internet y que no nos costara ni un euro. Así que mi opción, a la escucha está, fue hacer un podcast.

Un podcast dedicado a mi ‘bolla invisible’, el amigo AleFerLuque, amante de los animes y los videojuegos, al que le he creado un relato original: ‘AleFerLuque Origins’.

Espero que le guste mi regalo y que todos los demás disfrutéis con esta nueva aventura creativa.

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Y sí, Twitch también tiene parte de culpa, pero ya os lo explico en el episodio. Precisamente inauguramos hoy la sección en la que iré trayendo las entrevistas que estoy haciendo en el nuevo programa que estoy haciendo en el canal de Twitch: el magacín ‘Hey, qué pasa’.

Y arrancamos con la entrevista a al conocido actor de doblaje y youtuber Hache, con el que hablamos sobre el mundo del doblaje, el éxito en Youtube, la propia plataforma Twitch, etc.

Pronto, os lo prometo, llega nuevo contenido original y exclusivo para este podcast.

Espero que os guste el episodio y que me sigáis acompañando en esta aventura, en la que NUNCA SABES LO QUE TE PUEDES ENCONTRAR.

]]> https://lavozdelcontestador.com/2024/08/29/lvdc-14-entrevistas-en-twitch-hache-doblaje/feed/ 0 LVDC 13 – De vocación: PERIODISTA (con Bego Beristain) https://lavozdelcontestador.com/2024/08/29/lvdc-13-de-vocacion-periodista-con-bego-beristain/ https://lavozdelcontestador.com/2024/08/29/lvdc-13-de-vocacion-periodista-con-bego-beristain/#respond Thu, 29 Aug 2024 18:59:26 +0000 https://lavozdelcontestador.com/?p=173 A estas alturas a nadie sorprende que inauguremos una nueva sección, así que allá vamos. Estrenamos una sección que tenía ganas de hacer desde hace tiempo. En ‘De vocación:’ exploraremos aquellas profesiones que elegimos casi por instinto, sin pensar demasiado en las consecuencias o en el futuro profesional y/o económico.

Y, claro, tenía que empezar por mi propia profesión, el PERIODISMO. Y para ello he contado con una invitada de excepción, la periodista Bego Beristain, icono de la radiodifusión en Euskadi y metida de lleno ahora en el mundo del podcast.

Con ella hablamos de su ‘llamada’, su trayectoria, y de momentos vividos, pero también de la situación actual del periodismo, sus cosas buenas y malas, y de los nuevos canales de comunicación.

Espero que disfrutéis del episodio y que me sigáis acompañando en esta aventura en la que NUNCA SABES LO QUE TE PUEDES ENCONTRAR.

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Y, también en este caso, me puedo meter en el equipo de los locos, ya que en este episodio hablamos de una de mis grandes pasiones, que es el de las motos. Y más en concreto, de MotoGP. Y, aún más en concreto, del que yo considero el mejor piloto de la historia, MARC MÁRQUEZ.

Con el rey de los memes de MotoGP Maca y el gran coleccionista Pierre abordamos el origen de su pasión por las carreras y, sobre todo, por el piloto de Cervera.

Disfruta del episodio y, si después de esto no te apetece ver una carrera de MotoGP, yo ya no sé.

Gracias por seguirme en esta aventura en la que NUNCA SABES LO QUE TE PUEDES ENCONTRAR.

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